LA HERENCIA DE BARRAGÁN, Miquel Adrià -“Los Constructores de Luz”

Después de una primera etapa en su ciudad natal Guadalajara y otra racionalista y moderna en la ciudad de México, Luis Barragán viajó y se impregnó de la arquitectura y jardines mediterráneos. A su regreso se instaló definitivamente en la capital mexicana y dio un giro a su producción arquitectónica asimilando el lenguaje moderno pregonado por Le Corbusier para definir su propio estilo: la construcción de un lenguaje arquitectónico abstracto a partir de los materiales y soluciones aprendidos de la tradición mexicana.

Barragán procuró permanecer al margen de los grupos de poder, no fue un arquitecto marginal y siempre se le reconoció por su talento. La hagiografía local le procuró el halo místico del iluminado que aunque a veces entraba en trance, al final sus obras siempre se encuentran entre las más destacadas. Es especialmente relevante la condición fotogénica y cromática de su arquitectura. Por ende, resulta notoria la preocupación del arquitecto por comunicar la condición artística de sus obras.

Barragán a través del fotógrafo Armando Salas Portugal, enmarca sus obras escenográficamente, paraliza instantes chiriquianos, y se recrea en espacios vacíos. La lectura que ofrece de su obra es más pictórica que arquitectónica y, con el tiempo se irá aproximando a los cuadros de Orozco a la vez que se aleja de la expresión funcionalista de Le Corbusier.

Casa Gilardi, 1975 – proyecto realizado al final de su trayectoria  a sus 80 años

Luis Barragán recibió el Premio Pritzker (1980) por “su compromiso con la arquitectura como un acto sublime de imaginación poética, creando jardines, plazas y fuentes de inquietante belleza”, según declaró el jurado del Nobel de arquitectura.
Más interesado en la imagen resultante que en el discurso, sus obras son diálogos callados, sobrios entre el sol y los muros ciegos. Fruto de un acto de sincretismo entre la modernidad internacional y la idiosincracia mexicana, la obra de Luis Barragán a sido un paradigma para las generaciones siguientes y sigue siendo un manifiesto para la cultura universal.

Después de Barragán, la preferencia por la forma, inclusive vacía de contenido, estará presente en las distintas tendencias de la arquitectura mexicana: la preeminencia de lo cerrado frente a lo abierto, lo representativo frente a lo funcional, lo estético frente a lo ético.

Extracto del libro “Los constructores de la luz, arquitecturas contemporáneas mexicanas” Publicación realizada por la fundación de Luz de Francia y el Instituto México gracias al financiamiento de la EDF París en febrero 2003 durante la exposición igualmente nombrada.