El pasado Jueves 29 de Junio realizamos uno más de nuestros Encuentros Creativos, en el cuál se vivió de manera muy amena el espíritu y razón de ser de los mismos. Abrimos nuestro evento con el extraordinario video conmemorativo que previamente fue presentado en San Gabriel, Jalisco por el  centenario de Juan Rulfo. este, despertó  variadas emociones en todos los asistentes tanto con su letra como con sus imágenes.  Canta Oscar Saavedra y el guión es de la autoría de José Amador Santana, escritor invitado a nuestro evento.

José es además autor de varios libros publicados y dio lectura al cuento “Imagino” también de su autoría que incluye una anécdota que él vivió personalmente de joven con Juan Rulfo. El cuál dado que es muy corto compartimos con ustedes:

Imagino
de José Amador Santana 

Han pasado más de cincuenta años, y bien me acuerdo –pensé, melancólico:

            “Era un sábado e iba de vacaciones a Tonaya. El viaje fue extenuante; siete horas desde Guadalajara fueron muchos aun para mis quince años, pero mi cansancio cambió en felicidad al acercarme y ver paisajes conocidos en tonos de diferentes verdes, por ser época de lluvias.

            “Después de abrazos con mis padres y hermanos, que platiqué con ellos, esa dicha se afianzó. El calor húmedo del mediodía, de más de treinta grados, me tenía otros planes; dije a mi madre:

            “—Voy con Paco y José Luís, regreso en una hora.

            “—Salúdame a Clementina –dijo mi mamá y agregó sonriente–. No tardes, hice pozole, tu comida favorita.

            “Clementina y ella eran hermanas; Paco y José Luís, mis primos, y amigos. Mi comentario fue un deseo con antifaz, el motivo verdadero era paladear la comida que preparaba mi tía, acompañada con una cerveza fría.

            “Ella era esposa de mi tío Paco, y diario a mediodía su casa era visitada por amigos, porque junto con su hospitalidad, sencillez y amistad, ofrecía ricas botanas para acompañar el mezcal añejo que era el invitado principal. Esa combinación de ingredientes garantizaba un rato ameno. Afirmo, si mi tía hubiera llevado esa habilidad culinaria a un negocio, su éxito hubiera sido rotundo.

            “A tres cuadras estaba mi destino; las caminé soportando un sol agresivo y el interrogatorio curioso de varios vecinos:

            “—¿Cuándo viniste y cuándo te vas?

            En casa de mi tía, me recibieron olores de los platillos ya servidos, y sus cariñosas palabras:

            “—Siéntate, ¿qué gustas beber?

            “Mis primos no estaban, habían ido al rancho, pero mis sentidos se confabularon para integrarme a la reunión. Estaban mi tío Paco, el doctor, Mónico Soto, Adolfo Ramírez, “El Pichi”, Alfredo Soto, el profe Pancho y un desconocido, quien llevaba un libro y una cámara fotográfica. Mi tía lo presentó:

            “—Él es Juan, mi cuñado.

            “Saludé a todos de mano. Luego adopté el papel de espectador mientras paladeábamos chicharrones con jitomate, cebolla y chiles jalapeños; además manitas de puerco a la vinagreta. Yo, por supuesto, acompañado con una cerveza fría. Los paisanos, ahí presentes, –después entendí que eran los intelectuales de Tonaya– preguntaban al extraño por sus cuentos y fotografías. Él los cuestionaba acerca de sus labores cotidianas y tomaba notas.

            “Parecía que el mezcal añejo, de la fábrica de mi tío Paco, era el lubricante social indicado para la conversación, y es que el visitante, aunque aparentaba ser un hombre introvertido sonaba natural, además, con amena elocuencia y con disposición a la charla. Secuestrado por esa reunión agradable, la voz amorosa de mi madre en mi subconsciente “te hice pozole”, me obligó a regresar a casa.

            “En aquella etapa de mi vida, distraído yo por otras actividades, fui indiferente a esa plática. Hoy, con mente de escritor, imagino que en una reunión con varios años de antelación, como aquella en casa de mis tíos, el doctor, en plática con Juan narró una historia tenida con algún paciente y él, ávido, tomaba apuntes.

            “También supongo que así fue como se gestó en la mente de Rulfo: No oyes ladrar los perros.

            “Igualmente, imagino, que fue como agradecimiento a Tonaya, que acogió a sus dos hermanos, Severiano, y mi tío Paco”.

Ciertamente Juan Rulfo ha impactado con su conmemoración en muchas industrias creativas y no se queda solamente con el gran impacto en la literatura. Empezando por las re-ediciones de sus obras como Pedro Páramo y el Llano en llamas, como por la muestra de obra gráfica en museos, la creación de letras y producciones musicales y hasta los festejos realizados que llevan personas y personas hacia estas propuestas impactando así positivamente en la economía creativa de diversos creadores.

En este sentido, nuestro encuentro creativo fue también acompañado de la exposición de  30 carteles de diseñadores cuya propuesta debía estar inspirada en Juan Rulfo festejando así que el día 29 de Junio es también el día mundial del diseño industrial. Las propuestas incluyen frases de las obras de Rulfo tales como ” ”   , ” ” que sirvieron de fuente de inspiración.  Este ejercicio es una forma más de mostrar como se pueden entremezclar y enriquecer las industrias creativas y culturales una con la otra.

Compartimos, así con ustedes las creaciones y autores de las piezas que embellecieron la atmósfera del hermoso patio de la Capilla del Refugio en Tlaquepaque.